viernes, 1 de octubre de 2010

velorio

nunca fuí a un velorio.
es simple, no me gusta.
y como tpdps adaptamos todo a nosotros mismos, hasta desarrollé una explicación, acotada, pero válida.
para quienes creen en el cuerpo y la pura química, allí ya no hay vida.
para quienes creen en dios y el alma, el alma tampoco está allí.
juntarse a llorar no es para mi. te puedo acompañar toda una vida, pero no hagamos una reunión así.
cada día recuerdo las sonrisas, los gestos, las palabras, su alegría y su tristeza.

a cada momento pienso en que ella debiera haber sido más feliz, más.

todavía tengo esta vida, y algunas chances de menos.
aún así esto es semilla.

muerte

nunca antes hubo una muerte en mi familia. nunca.
una vez una abuelastra lejana falleció. recuerdo que la vi en el hospital tan decaída que no quise volver a verla, incluso no fuí al velorio por motivos que ...

esta vez fue distinto. ya sabía que estaba enferma, todos los mediodías me acercaba a la clínica a verla, a robarle una sonrisa con alguna tontera mía. así fueron unas semanas. el desenlace era sabido, pero aún así uno guarda esperanzas, es inevitable, a contrapelo de la razón conciente.

aquella mañana recibí la llamada que decía que estaba muy mal, entonces esperé a mi horario de almuerzo y fui nuevamente.
al abrir la puerta tomé la panorámica familiar e inmediatamente me di vuelta para cerrar la puerta de la habitación. ese microsegundo fue suficiente para verla, y necesario para desarticular mi gesto de impresión. escuché sus bocanadas de respiración agitada, entonces frío, volví a girar y encaré aquella situación.

me acerqué, besé su mejilla, y luego dejé una mano en su rostro como caricia constante.

así estuve un rato.

su respiración agitada comenzó a calmarse.
me alejé unos metros y la miraba esperando que esos ojos negros y sin fondo pudieran verme todavía. quise darle calma, amor.
estaba rapada por la caída del pelo, huesuda, la boca ladeada, respiraba casi por reflejo desde su boca ladeada. un rostro empalideciendo agestual.
estaba tranquilo porque ya habiamos hablado todo y era algo irreversible. (voy a ser egocentrico: por lo general me preocupa aquello que puede solucionarse y no se soluciona, esta vez era solo aceptar)

entonces su agitación fue disipandose y la calma la rodeó tenue.
cada bocanada podía ser la última, hasta que una lo fué....
y sus labios palideciendo.
a los ojos (que ya no están).