jueves, 6 de enero de 2011

dedo

iba camino a encontrarme con mi esposa. como siempre, perdido entre las calles. nunca puedo aprenderme cuál es cada avenida, dónde queda cada cosa, cómo se conectan los rincones de la ciudad. a veces sopecho que casi es una postura para hacerme el raro, tanto como para no asumir del todo que soy un despistado, un desmemoriado. resulta que siempre se llega a donde se quiere llegar, y perderse no deja de ser una sensación interesante. soltarse del borde de la pileta, suspenderse en el aire sin referencias claras. como los dereojos en la cama, como la sed en el entrevero con los cabellos largos de alguna, como la búsqueda entre sábanas de una parte de su cuerpo en una habitación en negro.
estaba perdido en una parada de colectivo paré el auto, le pregunté por una calle.
- son diez cuadras derecho, no estás mal.
- ah bárbaro, muchas gracias -y comencé a levantar la ventanilla del acompañante
- voy para allá, llevame. -dijo entre tímida y simple
- subí, si querés. no hay drama
fue raro. un extraño manejando, una extraña de acompañante. un cubículo cerrado deslizandose sobre ruedas.

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