lunes, 29 de abril de 2013

rubia muriendo

salí del trabajo con la certeza de que algo me estaba pasando, quería a alguien. a alguna.

subí al auto e hice el camino habitual. luego de un rato me detuve en un local a comprar algo que tenía pendiente. vuelvo al auto, bajo la ventanilla y enciendo el auto. entonces veo una hermosa rubia que pasaba por la vereda. me mira de reojo mientras la miro, frena su marcha, se acerca y pregunta con un cigarrillo en la mano.
- tenés fuego?
- sí, claro - respondo sin saber si el cenicero de mi auto funcionaba o no.
inmediatamente me doy cuenta, no funciona. entonces hago el ademan de estar esperando que caliente como para ganar unos segundos.
- cómo te llamás?
- laura
- salís de trabajar?
- no. vine a ver al escribano, pero llegué tarde. tengo cancer y me estoy divorciando, así que no te hagas ilusiones conmigo.

el encendedor del auto finalmente no anduvo.
- me decís todo esto de una, me impactás. qué otra cosa puedo hacer por vos? tomamos un café?
- no, gracias, precisaba fuego, era eso. - entonces, ella siguió por la vereda luego de un "chaugracias"
bajé, cerré el auto, compré unos fósforos en el kiosco, corrí 20 metros, la alcancé y caminamos diez cuadras conversando. a pesar de mi insistencia no quiso darme ni su celular ni su email.

claramente algo mal había en ella (en cada uno, los que somos, en todos), como para mencionar inmediatamente que durante los últimos años pensaba en que iba a morir.

- ya pasé por todos los estados, no insistas. -aclaró y dejó entreveer(se).

llegamos a una esquina donde decidió que ya no compartiríamos más el camino "mi marido es muy jodido y estamos cerca de casa. no insistas por favor". me tendió la mano y las historias pasadas se atravezaron en mi. apareció aquel gesto tan hermoso que había visto en belle femme (que dió comienzo a este blog, y por eso vuelvo a escribir esto a acá)

la rubia se despidió y cruzó la calle.
date vuelta, date vuelta para saber que puedo cojerte pensé, una, dos, cinco, siete veces... y ella siguió mirando su propio camino.

emprendí mi regreso al auto, entendiendo que estamos muriendo, que es una sola vida.
que a ella no la iba a volver a ver jamás, que nos alejabamos con esa mujer rubia platinada de pechos grandes implantados (para subsanar su herida de muerte), comenzaba a ser recuerdo.

solo, volviendo a mi auto. pensando a cuánta gente no vuelvo a ver, como si yo mismo hubiera muerto.

solo.
y con un recuerdo aguado por el tiempo, menos doloroso, menos erroneo, pero dejando intacta toda aquella ilusión de un romance de estación que duró tan poco, pero que enseñó tanto.

lejos, imborrable, aprendiz.
deseoso, libre.
y pulcro.